Los cuentos de hadas de Clara

Miwa Yanagi
Cuando era pequeña. Pequeña, pequeñísima Clara creía en los cuentos de hadas. De hadas fantasmagóricas y princesas azuladas. Creía demasiado por culpa de lo que le correspondía escuchar a la hora de escuchar. Ese bla bla bla que nunca se acababa, para procesar lo que después le tocaba procesar.

Amén.

Y así hasta que se hizo grande. Grande, grandísima y las hadas no aparecieron nunca. Tampoco las princesas.Y lo que fueron cuentos felices terminaron siendo infelices. Infelices cuando Rapunzel padeció caspa, Caperucita Roja llamó al delivery y lo de Cenicienta no fue por culpa de una manzana sino de un coma etílico.


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